pH y Salud
Para garantizar el adecuado
funcionamiento de los procesos metabólicos y el envío de oxígeno a todos los
órganos, nuestro cuerpo necesita que el pH de la sangre se encuentre en un
estado neutro (entre 7,34-7,45).
Cuando existe un desequilibrio de
nuestro pH, nuestro cuerpo intentará restablecer el balance natural cueste lo
que cueste
El exceso de ácido en el cuerpo
crea un ambiente en el que se favorece la descomposición celular, debilitando
todos los sistemas del cuerpo, y permitiendo prosperar a enfermedades (menos
defensas biológicas).
Por ejemplo, si nuestra sangre
aumenta su acidez descendiendo el pH a 6,5, nuestro cuerpo comenzará a buscar
la manera de abastecerse de minerales (principalmente calcio, carbonato y
magnesio) para lograr recuperar la neutralidad.
El inconveniente es que para hacer
esto, extraerá estos minerales de nuestros huesos (osteoporosis) y vasos
sanguíneos (arteriosclerosis asociada).
El colesterol asociado al pH ácido
Para contrarrestar la pérdida de
calcio de las paredes de los vasos sanguíneos, el organismo lo reemplaza por
colesterol (más resistente a la acidez), volviendo más rígida la pared. El problema
continuo cuando esta situación se vuelve una constante y el cuerpo fabrica más
colesterol para combatir esos efectos. Por lo tanto, los niveles altos de
colesterol son una defensa contra un pH ácido y debe ser combatida con un
reequilibrio de la alimentación (ver apartado de nutrición).
pH y Rendimiento deportivo
Existe una gran controversia sobre si manipular las
condiciones del pH interno favorece o no el rendimiento deportivo,
especialmente en actividades con alto componente de tipo anaeróbico.
Además de esta controversia, en medicina deportiva, hay
muchos que consideran al lactato como principal responsable del posible
incremento de la acidosis asociada al entrenamiento de alta intensidad. Si se
supera por debajo un determinado grado de acidez, se produce una inhibición de
los diferentes sistemas enzimáticos participantes en el suministro, y, por
tanto, una interrupción del trabajo muscular. Es lo que conocemos como
“quemazón” del músculo (fatiga metabólica) y lo que nos evita continuar
realizando otra repetición más.
En este sentido, un deportista entrenado tiene mayor
tolerancia ante la acidificación que el no entrenado, es decir, su pH necesita
descender más para sentirse fatigado.
El proceso de acidosis metabólica prolongado durante el
tiempo tiene una serie de consecuencias negativas en el organismo que van a
repercutir en la búsqueda del desempeño atlético y el aumento de masa muscular:
- Favorece la pérdida de masa muscular, debido a un balance de
nitrógeno negativo reflejado en un aumento de las pérdidas urinarias de
nitrógeno. Esto es debido principalmente a que el organismo, en un intento de
amortiguar la acidificación interna, utiliza la glutamina. Como ya sabemos el
músculo es el principal almacén de la glutamina, de tal forma que se produce un
proceso catabólico muscular.
- Favorece el bloqueo de los procesos anabólicos normales que
tienen lugar en el cuerpo a través de un descenso en la actividad del factor
anabólico IGF-1, un aumento en la resistencia a la hormona del crecimiento y un
aumento en los niveles de cortisol.
- Podría favorecer una ralentización del metabolismo basal del
individuo a través de un ligero hipotiroidismo.
pH y Nutrición
Dietas cetogénicas
Se ha demostrado que dietas cetogénicas (altas en
grasas-proteínas y pobres en hidratos de carbono) se asocian a valores de pH
sanguíneo más bajos o ácidos que dietas altas en hidratos de carbono (en torno
al 70%), donde los valores son más básicos y por tanto más beneficiosos para la
práctica deportiva. Con respecto a si las dietas cetogénicas podrían ser
potencialmente cancerosas debido la alta ingesta de productos de origen animal,
parecer ser que lo verdadero es todo lo contrario, ya que estas dietas han
demostrado ser eficientes no sólo en la reducción del tamaño tumoral sino
también en la pérdida de peso asociada al proceso canceroso.